Deterioro en los términos del intercambio

‒Renuncio‒dijo la secretaria mientras se vestía.

Ella siempre presumió de su racionalidad. En su momento, hizo una columna de ventajas y una de desventajas e hizo la comparación. La compañía estaba realizando despidos masivos y los índices de desempleo no estaban para tomarse a la ligera la pérdida de un trabajo. El intercambio sexual con su jefe le permitiría mantener su puesto. Sin dudar tomó la decisión y todavía considera que en aquel entonces fue lo mejor; además, ella nunca perdió de vista de qué se trataba el asunto. Pero eso fue hace dos años y los términos del intercambio se deterioraron. El sueldo ya no le alcanza y la empresa no se ha recuperado lo suficiente, por lo que sería falsa cualquier expectativa de un aumento o de un ascenso; la verdad, el esfuerzo de acostarse con su jefe ya no valía la pena. Cuando insinuó que los encuentros tenían que terminar, el jefe le dio a entender que ello significaría la pérdida de su empleo y por eso tomó la decisión de renunciar.

Incapaz desde su posición de ver que tras cada encuentro aumentaban los costos marginales de ella, la renuncia lo tomó completamente por sorpresa.

‒Pero, si renuncias va a ser muy difícil que sigamos viéndonos‒le dijo a la secretaria con el tono de quien pretende hacer entrar en razón a la otra persona. En realidad, él era quien estaba perdiendo la suya ante la perspectiva de un futuro sin la adrenalina que obtenía de su relación extramatrimonial.

‒Corrección‒respondió ella‒, después de que renuncie no vamos a volver a vernos.

La decisión en el rostro de la secretaria enfrentó al jefe por primera vez con la posibilidad del fin de la relación.

‒¿Qué tengo que hacer para que no me dejes?‒preguntó él.

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