Al entrar en la cavidad, mi decepción no cupo en ella—no por lo grande de la decepción sino por lo pequeña de la cavidad. Dentro de la cavidad tuve que doblar las piernas y para recorrerla no tenía más que moverme sobre mi propio eje. No había nada que buscar allí.
Sin embargo, por una razón que no me supe explicar, no quise salir de la cavidad, me quedé ahí, dando vueltas lentamente sobre mí mismo con las piernas recogidas y casi pegadas al pecho.
Con los inevitables golpes que le daba a las paredes, pude percatarme de que el material de la cavidad era otro, no el del resto de la cueva sino uno casi esponjoso. Intenté romper un pedazo de las paredes para llevármelo conmigo y analizarlo en la superficie, pero cuando ya casi lograba desprenderlo, el lugar comenzó a temblar como si aquel pedazo fuera el centro de gravedad de toda la cueva.
Lleno de pánico, traté de salir de la cavidad, pero el orificio se movía arriba y abajo como si toda la tierra se estuviera sacudiendo. De pronto, las paredes debajo de mí cedieron y la cavidad y toda la laguna se vació de agua. En segundos ya no hubo nada que me sostuviera y caí al vacío un par de metros hasta que la cuerda de seguridad me detuvo como a un ahorcado. Esperé a que me halaran de regreso, pero nada sucedió y no había explicación para ello, salvo que también le hubiera pasado algo al grupo. No iba a durar mucho tiempo así. Si la cuerda no se rompía, la tensión que me estaba produciendo en el pecho me mataría de la asfixia. Mi única posibilidad era que la cuerda fuera lo suficientemente resistente como para poder treparla de vuelta y que al otro lado todavía existiera un camino de regreso.
La cuerda estaba resbalosa, empapada, extrañamente sentí como si estuviera hecha del mismo material de las paredes de la cavidad. Supe que no podría treparla más que unos metros y antes de que mis fuerzas me abandonaran por completo, me dejé caer lo que había subido.
Aquel corto salto al vacío me llenó de una profunda calma que se esfumó por completo cuando vi la perturbadora imagen del gigante enmascarado cortando la cuerda. “Es un varón” lo escuché decir justo antes de que me golpeara.
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