La nulidad gris

Ese que está en las fotos pero al que nadie señala porque nadie sabe quién es, cómo se llama, nadie lo reconoce, amparado bajo la sombra de las grandes figuras, los maestros, los símbolos, los admirables tras los que está agazapado. Ese que firma cheques, da órdenes ejecutivas, dicta políticas y líneas de acción, ese que calla y otorga. A ese no se le exige rendir cuentas, sobre todo las cuentas morales. Pero ahí, en ese personaje, habita el mal desnudo, el mal sin adornos, sin trajes, sin condecoraciones pero con muchas prebendas, el mal sin cortapisas, el mal banal pero infinito. Cuando las figuras se deslindan, se desdicen, cuando señalan que “este muerto sí derramó mi vaso”, dediquémosle un segundo a encontrar a ese que no reconocemos en las fotos y que por eso no tiene que desdecirse ni señalar cuán hondo es su vaso, porque ese probablemente seguirá traficando influencias, ese tiene mucho que perder y no tiene talentos que al final lo rescaten, por eso seguirá callando, otorgando y apoyando, ese seguirá ejecutando.