(Este cuento está en Pulga de Libertad, pero es uno de mis preferidos y por eso lo traigo para acá, con algunas ediciones)
-¡Aguanta Viejo, aguanta!
Así me decía Caimán y yo respira que respira aflojándome el cinturón y dándome masajitos en la barriga que según Caimán eran contraproducentes eso afloja Viejo tenía que aguantar hasta un baño no hacerme ahí mismo pero los masajitos me calman Caimán no aguanto Caimán y respiraba hondo sudaba frío Caimán me decía que estaba pálido no aguanto Caimán y Caimán aguanta Viejo aguanta pero sabía que no iba a aguantar que no íbamos a llegar a tiempo Caracas no es una ciudad de emergencias apenas tienes una te das cuenta de lo solo que estás y si es en medio de la autopista Francisco Fajardo a las cinco y media de la tarde no hay nada que hacer el desamparo es total todos los carros que te rodean se convierten en enemigos en obstáculos insalvables aguanta Viejo aguanta recuerdo que una vez sonó distinto su voz dijo algo diferente aunque haya utilizado las mismas palabras para que no creyera que se trataba de un desvarío Caimán me miró y comprendí lo que quería hacer lo que estaba a punto de hacer aun sin mi consentimiento le dije no lo hagas la culpa es mía debo asumir las consecuencias habíamos tenido un descanso y como siempre que nuestra ruta lo permite nos paramos frente a un carrito de perros en donde Filipo si estamos por la Cota Mil en la Calle del Hambre si estamos en el Sureste en Santa Mónica si andamos por la Valle Coche igual que hoy esa vez estábamos en la Calle del Hambre y yo llevaba cuatro perros con todo cuando recibimos la llamada el quinto perro me lo atapucé casi sin masticar y salimos volando en auxilio del niño de doce años que se cayó de una mata de mango buscando los bonitos que siempre están en lo más alto cinco minutos después de haberlo dejado en la emergencia del Domingo Luciani tras el rebote de costumbre esa vez en el Pérez de León sentí el primer aviso un retortijón que me dobló sobre el asiento es culpa mía Caimán no lo hagas recuerdo clarito que se lo dije dos veces pero él estaba decidido encendió la sirena la escucho perfectamente ese sonido me ha acompañado treinta años como para no escucharlo con nitidez cada vez que pienso en ella sí la escucho perfectamente casi de inmediato las aguas comenzaron a separarse y la ambulancia se abrió paso entre los carros rumbo al baño más cercano Caimán pudo acelerar no como le gustaría no como pudiera él hunde hasta el fondo el acelerador cuando hay vía libre y yo tengo que decirle que lo suelte a veces no quiere soltarlo y se hace el que no entendió me pregunta si el enfermo atrás no lo logró y yo le respondo no lo vamos a lograr ninguno si nos volteamos entonces Caimán suelta un poco pero lo que suele pasar lo cotidiano es que no pueda apretar el acelerador como él quiere como el paciente necesitaría los carros se mueven a regañadientes abren paso lentamente nunca lo suficiente nunca todo lo que queremos hay que acelerar por golpe como si marcháramos al ritmo de alguna desafinada orquesta tras cada golpe de acelerador el parachoques de la ambulancia se pega al carro de enfrente el conductor lo único que ve son las letras A I C N A L U B M A
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