Virtual launch of The Last New York Times

El sábado 5 de diciembre se llevó a cabo la presentación de The Last New York Times, traducido por José Ángel Navejas y publicado por Katakana Editores. En el evento participaron Denise Kripper, George Franklin, Navejas y yo. Aquí el video de la muy agradable conversación.

Play cumple cinco años

Mi libro de relatos, Play, fue publicado en 2015 por Ars Communis, la editorial que lidera Fernando Olszanski desde Chicago. A raíz de la efeméride, Fernando conversó conmigo sobre el libro, el origen de cada relato y cómo este lustro ha pasado por ellos. A continuación, la conversación:

Las noventa Habanas de Dainerys Machado Vento

 

La Habana de Dainerys Machado Vento es un ente vivo: nace, crece, se multiplica y eventualmente morirá, porque para Machado las ciudades son indiferenciables e inseparables de las personas que las habitan, de sus historias de vida y de su situación particular. Así, en Las noventa Habanas (Katakana editores, 2019), La Habana se nos presenta una y distinta como cada personaje de estos cuentos, casi todos protagonizados por mujeres, que hacen de la ciudad una extensión de sus experiencias, expectativas y anhelos.

La ciudad tiene la edad de sus protagonistas. En El City Hall, por ejemplo, las promesas de la noche habanera no están en el Tropicana sino en la discoteca del vecindario, mientras que en Nada 1994, el Malecón es muro de contención y frontera no de una ciudad, de un país y de un sistema, sino de la rebeldía adolescente. La ciudad también es lenguaje y los personajes de Las noventa Habanas le dan vida a la ciudad a través de sus expresiones y en especial de sus insultos y maldiciones, al ritmo de la prosa hábil de Machado. La ciudad es tan grande o pequeña como las posibilidades de sus habitantes, como la niña que sigue a su abuela Por una botella de ron, o la estudiante que se considera una comemierda por haber tomado la guagua atiborrada del mediodía para ir a la playa en Un bikini verde. A veces La Habana no es otra cosa salvo la vida con la suegra, como en Es de familia; hombres explicándole cosas a las mujeres, como en Las mañanas del sábado; o un insulto que te persigue y está listo para ser arrojado en tu contra: El “¿Es que en Cuba no hay sal?” que la suegra mexicana le enrostra a la protagonista de Pica poquito duele como si esa sal se la hubieran restregado en las heridas que deja el exilio.

En Las noventa Habanas también está muy presente ese otro barrio de la ciudad, Miami, un barrio que es próxima etapa, un siguiente paso tan natural que negarse a él es casi una herejía o una traición a la habanidad, como se puede leer en Quédate.

Los habitantes de Las noventa Habanas viven en una ciudad que es la misma pero diferente, como La Habana de Mi amiga Mylene, tan alejada de La Habana que vive Liset, la narradora. A veces el recuerdo es lo que transforma la ciudad, como en Confesiones de grande, y a veces el cambio se debe a una mala lectura de la situación como en Historia de la flaca a la que golpearon por romper el orden natural de las casas y de las cosas.

La Habana es una y múltiple, en una especie de transformación estática, pues la ciudad sobrevive incólume las diatribas y desvelos de sus habitantes. Los cuentos de Las noventa Habanas están llenos de humor y desparpajo, ingredientes que Machado usa para desvelar todos los sinsabores de la vida de unos personajes que se saben enjaulados; son cuentos cortos muy eficaces, listos para dar el nocaut de Cortázar. Un excelente volumen que vale mucho la pena leer.