{"id":102,"date":"2010-04-06T09:52:50","date_gmt":"2010-04-06T14:52:50","guid":{"rendered":"http:\/\/www.laoficinadeluis.com\/?p=102"},"modified":"2025-03-26T03:15:08","modified_gmt":"2025-03-26T03:15:08","slug":"palabras-regadas-por-el-piso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/palabras-regadas-por-el-piso\/","title":{"rendered":"Palabras regadas por el piso"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella preferir\u00eda que el sobre desapareciera bajo el polvo o que una r\u00e1faga de viento lo arrastre a un rinc\u00f3n donde lo aguarde el olvido, que pase algo para que ella pueda olvidarlo para siempre, un siempre que no durar\u00eda mucho pues ella quiere olvidar no ese sobre en particular sino todos los sobres, y sabe muy bien que pronto llegar\u00e1 el siguiente, y despu\u00e9s el otro, y as\u00ed hasta qui\u00e9n sabe cu\u00e1ndo, hasta que el apartamento se llene de sobres por olvidar, de sobres ignorados pero al acecho, dispuestos a saltar sobre su memoria y sobre su curiosidad al paso de una inocente escoba o tras el torbellino producto de hacer o deshacer la cama. Por eso, se decide. Apenas a unos treinta cent\u00edmetros de la puerta est\u00e1 el sobre esper\u00e1ndola. Lo mira temerosa, y de pronto, llena de una desesperaci\u00f3n que solemos confundir con la valent\u00eda, corre hacia el sobre, sus pies se deslizan antes de detenerse, casi cae, pero no intenta recobrar el equilibrio, utiliza las fuerzas que la arrastran hacia abajo para con el mismo impulso tomar el sobre e hincarse de rodillas en el piso. Apenas un instante, una mirada casi furtiva, le basta para saber que es uno de los sobres a los que tanto teme, se llena de rabia, de furia y lo rasga con fuerza, con tanta fuerza que rasga tambi\u00e9n el contenido, lo rompe en pedazos y riega los pedazos por el piso, caminando de rodillas como quien paga una penitencia.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Arrepentida, busca cinta adhesiva y recoge uno a uno los trozos de papel. Pudo m\u00e1s la curiosidad, aunque ya conoce el contenido. Las cartas en blanco, si el que est\u00e9n en blanco permite seguirlas llamando cartas, se suceden una a una, sin explicaci\u00f3n, sin justificaci\u00f3n, sin clave para descifrarlas. Por eso la rabia, rabia que aumenta con cada nueva carta, ella odia esas hojas en blanco; tambi\u00e9n, la intrigan. Quiere saber lo que dicen, lo que sienten, por eso no soport\u00f3 la imagen de los trozos regados por el piso, condenando al perpetuo silencio el mensaje que tra\u00edan cuando eran carta, mensaje hecho de silencio pero no mudo. Reconstruye las hojas con precisi\u00f3n de cirujano, como si poniendo un pedazo en lugar de otro alterara para siempre el mensaje, convirtiendo el silencio de esas hojas en un silencio diferente al que llevan escrito. Este silencio es \u00fanico, ella lo sabe.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Terminado el remiendo, se levanta con tres hojas en la mano y va a guardarlas junto al resto. El peque\u00f1o mont\u00f3n formado por las hojas casi id\u00e9nticas, diferenciadas apenas por el n\u00famero y posici\u00f3n de las tiras de cinta adhesiva, o por la ausencia de las mismas, se le muestra como un acertijo indescifrable. Revisa las hojas una por una como si fuera una celosa coleccionista juzgando el valor de las piezas y determinando la suma que piensa invertir en ellas. La cabeza se le llena de preguntas sin respuestas, o con la misma, \u00fanica e invariable: el silencio.<\/p>\n\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pasan unos largos minutos y no se mueve, no pesta\u00f1ea, casi no respira, simplemente est\u00e1 ah\u00ed, quieta, sin tener nada que hacer salvo esperar por la nueva carta, por las hojas en blanco, por la perpetuaci\u00f3n del silencio. Sin mostrar alg\u00fan cambio de \u00e1nimo devuelve a su lugar el mont\u00f3n de hojas, justo al lado de otro mont\u00f3n, el de sobres. De inmediato se da cuenta de que no puede dejar el sobre como est\u00e1. Toma de nuevo la cinta adhesiva, y con la misma precisi\u00f3n y paciencia de la que antes fuimos testigos, va haciendo de los trozos un sobre de nuevo o un nuevo sobre, que no podemos descartar que haya sido la segunda cosa lo que pas\u00f3. Pero este sobre era distinto a los otros, ella lo sinti\u00f3 apenas el sobre volvi\u00f3 a tener forma en sus manos. No eran los remiendos, experta como era hab\u00eda quedado muy bien a pesar de que la solapa, producto de la cinta adhesiva, se torc\u00eda como si una ola de papel hubiera sido petrificada justo antes de romper. Era el remitente, hab\u00eda algo distinto en \u00e9l, y no se trataba de la grieta que lo part\u00eda en dos y que un pedazo de cinta adhesiva un\u00eda, no, no pod\u00eda descifrar qu\u00e9 era, tal vez alg\u00fan cambio en la direcci\u00f3n, no lo sab\u00eda, no reparaba mucho en el remitente, nunca repar\u00f3 en el remitente, para ella se hab\u00eda convertido en un dibujo, en un adorno, el remitente se le volvi\u00f3 in\u00fatil desde el mismo momento en que pens\u00f3 exigir explicaciones, responsabilidades, palabras y sonidos y no se atrevi\u00f3, convencida de que el silencio de los mensajes era un c\u00f3digo, enviar una carta de vuelta o presentarse en la direcci\u00f3n del remitente pod\u00eda resultar una violaci\u00f3n de ese c\u00f3digo, perdiendo toda posibilidad de comprenderlo, de descifrarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ahora, con todos los sobres en la mano, se concentra en ese peque\u00f1o conjunto de letras agrupadas en palabras, en ese corto p\u00e1rrafo que le permitir\u00eda hacer de vuelta el recorrido que hicieron las cartas, compara uno a uno los trazos, corroborando que cada letra coincide de un sobre a otro, uno a uno va comparando todos los sobres, el \u00faltimo con el reci\u00e9n llegado, el anterior al \u00faltimo con el \u00faltimo, hasta llegar al primero, a la primera carta, la carta que pudo haber atribuido a un error de esos que suceden en las comedias: cambiar el contenido de un sobre por el de otro, o, como habr\u00eda sido en este caso, cambiar la carta escrita por los papeles sin escribir. El remitente siempre ha sido el mismo, pero el desasosiego persiste. Pasa horas frente al mont\u00f3n pensando en esas letras, y cuando trata de olvidarse de \u00e9l haciendo alguna cosa, a cada instante su pensamiento vuelve a los sobres apilados y sus piernas la ponen de nuevo frente a ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando volvi\u00f3 a tomar la pila de sobres, sucedi\u00f3. Al pasar los sobres de una mano a otra pudo ver que s\u00ed exist\u00edan diferencias en los remitentes, hab\u00eda algo que cambiaba con el paso de los sobres y no simplemente la distribuci\u00f3n de los mismos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Tom\u00f3 los sobres con una mano, aprision\u00e1ndolos por el centro, con la otra mano dobl\u00f3 hacia atr\u00e1s el extremo del remitente, y con un imperceptible movimiento del dedo gordo uno a uno los sobres recuperaban su posici\u00f3n inicial perdiendo su secreto. Porque el movimiento de los sobres trajo consigo otro movimiento, la extra\u00f1a danza de las letras escritas en el remitente, levant\u00e1ndose y acost\u00e1ndose en una rueda ritual clamando por alg\u00fan don negado por la divinidad. Tal vez clamando por palabras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Decidi\u00f3 ordenar la coreograf\u00eda con la fecha del matasellos del correo, como si eso bastara para entender el significado de la danza. Pero nadie ha visto a las letras bailar como para saber cu\u00e1n sencillo o no es saber lo que dicen en el baile, y si lo llegara a saber, despu\u00e9s tendr\u00eda que hacerse la pregunta m\u00e1s dif\u00edcil: por qu\u00e9 danzan para ella.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pero ya habr\u00eda tiempo para saber por qu\u00e9 bailaban para ella, primero hab\u00eda que entender el baile. Pronto se convence de que el remitente no baila solo. Repite el movimiento de su dedo, esta vez con el abanico mucho m\u00e1s amplio, dejando que las letras en el centro de cada sobre se sumen al movimiento, confirmando que ellas son parte del baile aunque no al mismo ritmo que las del remitente. Danza en dos tiempos, remitente y destinatario, dos sujetos, o sujeto y predicado, la m\u00fasica que mueve a esos cuerpos es sin duda el lenguaje intuido, esperado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Intrigada y esperanzada, ordena los sobres buscando similitudes en la inclinaci\u00f3n de la letra, encontrando diferencias en los trazos y aventurando explicaciones. Los sobres fueron agrupados de acuerdo a las caracter\u00edsticas de la letra, al principio se conform\u00f3 con dos grupos: remitente ca\u00eddo destinatario erguido y remitente erguido destinatario erguido, que destinatario ca\u00eddo no hab\u00eda ninguno. Luego, fue m\u00e1s meticulosa y subdividi\u00f3 los montones, diferenciando la m\u00e1s m\u00ednima inclinaci\u00f3n de la letra, clasificaci\u00f3n que no intentamos explicar ni reproducir aqu\u00ed porque remitente medianamente ca\u00eddo destinatario notoriamente erguido es una categor\u00eda que se confunde f\u00e1cilmente con remitente ostensiblemente ca\u00eddo destinatario erguido a secas. Pronto tuvo tantos montones de sobres que se vio obligada a esparcirlos por el piso, sentada frente a un altar de papel y letras lanzando los caracoles para leer el destino. Las categor\u00edas de tan meticulosas que se volvieron no permitieron la coincidencia de ning\u00fan individuo. El suelo se volvi\u00f3 m\u00e1s y m\u00e1s peque\u00f1o, apenas con el espacio necesario para que ella se movilizara en el desorden de sobres regados. Pero no hab\u00eda tal desorden, jam\u00e1s ni nunca un remitente prepotentemente erguido destinatario apenas erguido pod\u00eda estar al lado de un remitente esperanzadoramente erguido destinatario hermosamente alto, ni so\u00f1ar con que lindara con un remitente miserablemente ca\u00eddo destinatario inalcanzablemente erguido.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">A su tarea apenas le hac\u00eda falta un poco de reflexi\u00f3n, pensar en las categor\u00edas sin el enceguecedor af\u00e1n de ubicar un sobre, para darse cuenta de que estaba a punto de descifrar los mensajes que las cartas tra\u00edan disfrazados de silencio. Apenas se detuvo para escuchar el ahora ruidoso lenguaje, la preocupaci\u00f3n llen\u00f3 su cuerpo. Necesitaba el \u00faltimo sobre, el reci\u00e9n llegado; lo vio de inmediato, no por las tiras de cinta adhesiva sino porque ya ning\u00fan sobre era igual a sus ojos. Tom\u00f3 el sobre y lo ley\u00f3 como si apenas hubiera traspasado el umbral, y aunque intent\u00f3 darle un distinto significado, tuvo que rendirse a las evidencias, ten\u00eda entre sus manos el remitente humilladamente ca\u00eddo destinatario indiferentemente erguido. Un temor insospechado la invadi\u00f3. Como nunca antes lo hab\u00eda sentido, el miedo a la soledad se apoder\u00f3 de cada uno de los nervios de su cuerpo, la necesidad de tener esas cartas en blanco siempre junto a ella y de estar a la espera de la nueva carta de pronto se revel\u00f3 como el significado de la vida, y la posibilidad de que la nueva carta bien pudiera no llegar hizo de ella el m\u00e1s miserable de los seres.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Sin embargo, hab\u00eda una esperanza, se visti\u00f3 r\u00e1pidamente y sali\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Volvi\u00f3 una media hora despu\u00e9s bolsa en mano. De la bolsa sac\u00f3 un paquete de hojas, lo abri\u00f3, tom\u00f3 entre cinco y seis, las mira escrut\u00e1ndolas, aprob\u00e1ndolas, no cualquier hoja servir\u00eda para sus prop\u00f3sitos, pas\u00f3 sus manos por ellas, sintiendo la textura, incluso disfrutando el roce. Volvi\u00f3 a la bolsa y de ella sac\u00f3 un sobre, dobl\u00f3 las hojas tres veces hasta que cupieron dentro del mismo y lo cerr\u00f3. Tom\u00f3 un bol\u00edgrafo. Con cuidado, con esfuerzo, dibuj\u00f3 el remitente y el destinatario, cambiados acertadamente de lugar seg\u00fan el modelo: los sobres enviados a ella. Pero el resultado no la dej\u00f3 del todo conforme, la letra se entend\u00eda, llegar\u00eda a su destino, no hay duda, de lo que no estaba segura es de haber dicho lo que quer\u00eda decir, por m\u00e1s que conoce sus intenciones, por m\u00e1s que intenta encontrarlas expresadas, le cuesta ver un remitente implorantemente ca\u00eddo destinatario a\u00f1oradamente erguido. A pesar de sus dudas y segura de no tener mucho tiempo, volvi\u00f3 a salir, carta en mano, qui\u00e9n sabe qu\u00e9 obtendr\u00e1 de semejante intercambio.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Pronto, obtuvo la respuesta. El remitente feliz destinatario anhelado ocup\u00f3 su lugar en el piso del apartamento y de inmediato ella fue a no escribir su respuesta. Comenz\u00f3 as\u00ed el profuso intercambio de p\u00e1ginas en blanco escritas con desespero, con avidez, con deseo. El piso del apartamento de ella fue tomado m\u00e1s y m\u00e1s por el mapa de emociones que estaba construyendo, de la sala a la cocina, de la cocina a la habitaci\u00f3n, donde cada nuevo sobre se ubicaba en el sitio preciso, en el lugar donde solo era necesaria una simple mirada para que todo lo que la carta quer\u00eda decir fuera dicho sin necesidad de palabras.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">En un par de vueltas de correo, las cartas comenzaron a tratar un \u00fanico tema: remitente ansiosamente erguido destinatario cercanamente erguido, la posibilidad, la necesidad del encuentro, el c\u00f3mo ser\u00eda, c\u00f3mo deb\u00eda ser, el cu\u00e1ndo. Tras un par de d\u00edas de indirectas y tanteos recibi\u00f3 la carta, no necesit\u00f3 m\u00e1s de dos pasos para llegar al punto exacto en el mapa de emociones: junto a la puerta de la calle. Dej\u00f3 la carta en el suelo, abri\u00f3 la puerta y sali\u00f3, env\u00edo expreso, certificado, de alta prioridad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando abr\u00ed no hubo saludos ni presentaciones, nos conoc\u00edamos lo necesario, sab\u00edamos qu\u00e9 hacer, los dedos recorrieron caminos nunca visitados pero no extra\u00f1os. Como si las cartas hubieran estado llenas de instrucciones no hubo espacio para la torpeza del primer encuentro, todo movimiento, todo roce, toda caricia era correspondida al m\u00e1ximo, el placer m\u00e1s intenso se hizo presente desde el principio, ah\u00ed, en el umbral, nos amamos, y am\u00e1ndonos llegamos hasta la habitaci\u00f3n, acomod\u00e1ndonos en la cama donde continuamos am\u00e1ndonos y donde podr\u00edamos descansar si alguna vez termin\u00e1bamos de amarnos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Ella despert\u00f3 invadida por el sobresalto de no reconocer el sitio donde dorm\u00eda, como si hubiera sido trasladada hasta ah\u00ed durante el sue\u00f1o. Tard\u00f3 un par de segundos en poner las cosas en orden, entonces pudo verme dormir a su lado, por primera vez me mir\u00f3 con detenimiento, se entretuvo con mi cuerpo, posando la mirada en cada cent\u00edmetro, en cada lugar donde hab\u00edan estado sus manos, sus labios y su lengua. Quiso volverme a tocar pero no se atrevi\u00f3. Sinti\u00f3 algo de miedo frente a ese invasor que yac\u00eda junto a ella, un cuerpo extra\u00f1o, una forma precisa, la evidencia de que el silencio de nuestra relaci\u00f3n no hab\u00eda sido sino otra forma de lenguaje, simplemente una manera de traducir emociones, y como toda traducci\u00f3n, nuestro silencio era imperfecto, incompleto, presentaba vac\u00edos que no pod\u00edamos llenar porque estaban hechos de otro tipo de silencio, uno absoluto, uno incomprensible.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Para no seguir pensando en ello decidi\u00f3 recorrer el apartamento. En la cocina se sirvi\u00f3 un vaso de agua y camin\u00f3 por el sal\u00f3n. Luego, entr\u00f3 en un cuarto y vio el escritorio. Sobre \u00e9l, estaba la columna de papeles en forma de L que no eran otra cosa que cartas metidas perpendicularmente en sus sobres apiladas unas sobre otras. Al acercarse pudo reconocer sus propios sobres. Tom\u00f3 el de m\u00e1s arriba, el \u00faltimo que escribi\u00f3, y de inmediato vio las hojas llenas de palabras, la carta que ella hab\u00eda escrito a trav\u00e9s de otro, el mismo que continuaba durmiendo en la habitaci\u00f3n de al lado. Una palidez mortuoria invadi\u00f3 su cuerpo, no es f\u00e1cil encontrarse con espejos de tus propias emociones, de tus pensamientos, y ella se reconoc\u00eda en cada frase, en cada oraci\u00f3n, en cada p\u00e1rrafo, una coincidencia que la aterraba y la fascinaba. Ley\u00f3 todas y cada una de las cartas, pas\u00f3 casi dos horas leyendo mientras yo le obsequiaba un sue\u00f1o tan largo y profundo que comenzaba a hac\u00e9rsele sospechoso. Sin embargo, no se levant\u00f3 hasta terminar de leer el \u00faltimo dictado, porque eso eran, dictados que no necesitaron su presencia para ser tomados a la perfecci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u00bfC\u00f3mo lo logr\u00f3? \u00bfC\u00f3mo lo logr\u00e9? No s\u00e9, quiz\u00e1s sea un don, quiz\u00e1s sea que nos hemos vuelto muy predecibles, pero me basta una letra, una palabra escrita del propio pu\u00f1o para leer no lo que est\u00e1 escrito sino los sentimientos y pensamientos con que se escribi\u00f3 y que no fueron trasladados al papel. Es una habilidad moribunda, ya son pocos los que escriben a mano, por eso trato de forzar los acontecimientos en b\u00fasqueda de reacciones y respuestas como las de ella. Antes de enviarle mi primera carta la hab\u00eda conocido bastante bien, observ\u00e1ndola, escuch\u00e1ndola y ley\u00e9ndola desde su red de amigos y simplemente quise relacionarme con ella de una manera que nunca hab\u00eda intentado.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Termin\u00f3 de leer la \u00faltima carta, la primera que hab\u00eda enviado, puso el conjunto tal cual lo encontr\u00f3 y volvi\u00f3 al cuarto donde yo me hac\u00eda el dormido. Me mir\u00f3 y sinti\u00f3 celos, cre\u00eda saber todo sobre m\u00ed, pero una escueta clasificaci\u00f3n le hab\u00eda bastado. Demasiadas cosas pueden caber dentro de un remitente humilladamente ca\u00eddo destinatario altivamente erguido y ella no se hab\u00eda dado cuenta, se hab\u00eda conformado en su imposibilidad de ir m\u00e1s all\u00e1, de trascender ese c\u00f3digo para convertirlo en un idioma capaz de expresar las emociones m\u00e1s complejas, los pensamientos m\u00e1s profundos, de revelar las contradicciones de quienes lo utilizan. Me mir\u00f3 hasta que tuve que abrir los ojos, le sonre\u00ed, la atraje hacia m\u00ed y volv\u00ed a amarla. Pero ya algo estaba roto y no iba a poder recomponerlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Me par\u00e9 y fui al ba\u00f1o, d\u00e1ndole la oportunidad de que decidiera qu\u00e9 hacer. S\u00e9 que est\u00e1 visti\u00e9ndose, s\u00e9 que est\u00e1 march\u00e1ndose, escucho la puerta del apartamento, salgo del ba\u00f1o y no quedan rastros de ella. Tambi\u00e9n se llev\u00f3 las cartas.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Estoy a la espera. No puedo enviar otra carta hasta que ella d\u00e9 alg\u00fan paso. Supongo que est\u00e1 buscando explicaciones, tratando de encontrarlas en el mapa de emociones. Puedo verla caminar por su apartamento de un lugar a otro, intentando agregarle informaciones y emociones a su ahora insulso c\u00f3digo. Si logra sobreponerse a la terrible sensaci\u00f3n de sentirse le\u00edda sin haber escrito, de sentir que todo lo que pod\u00eda decir ya hab\u00eda sido dicho antes, tratar\u00e1 de comunicarse conmigo y entonces nos jugaremos la posibilidad de construir algo m\u00e1s que este lenguaje de sobre y malos entendidos. Pero si no puede manejarlo, si no puede asimilarlo, soportarlo, entonces destruir\u00e1 el mapa de emociones, tirar\u00e1 los sobres a la basura e intentar\u00e1 borrar cualquier rastro de mi presencia en su vida. Contra eso no puedo hacer nada salvo recordar la noche juntos y algunos pasajes de las cartas recibidas, mientras intento comunicarme con alguien m\u00e1s de una manera profunda y significativa en medio del estruendo y bullicio en que vivimos.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El enigma detr\u00e1s de unas cartas en blanco<\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"iawp_total_views":5,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-102","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-narraciones"],"jetpack_sharing_enabled":true,"jetpack_featured_media_url":"","_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=102"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":5153,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/102\/revisions\/5153"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=102"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=102"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=102"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}