{"id":5190,"date":"2025-05-14T18:23:10","date_gmt":"2025-05-14T18:23:10","guid":{"rendered":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/?p=5190"},"modified":"2025-11-28T23:28:13","modified_gmt":"2025-11-28T23:28:13","slug":"la-casa-de-enfrente","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/la-casa-de-enfrente\/","title":{"rendered":"La casa de enfrente"},"content":{"rendered":"\n<p>Todos los vecinos lo confirmaron, yo tambi\u00e9n: La se\u00f1ora era una aut\u00e9ntica bomba de tiempo. Ten\u00eda siglos sin saber de Mario, pero de mi primera visita a su casa lo \u00fanico que recuerdo es que fui blanco de ella. Desprevenido, us\u00e9 su driveway para dar la vuelta y cuando comenzaba a retroceder la vi salir de su casa escopeta en mano y vociferando insultos racistas y antiinmigrantes. Mario corri\u00f3 hacia nosotros con las manos levantadas grit\u00e1ndole que yo era amigo de \u00e9l, que \u00e9l se hac\u00eda responsable por mi presencia en el lugar. La se\u00f1ora baj\u00f3 el arma y no sin insultar tambi\u00e9n a Mario por latino y moreno regres\u00f3 a su casa. Mir\u00e9 a mi amigo para decirle qu\u00e9 susto mi pana, pero me hizo se\u00f1ales de que me fuera lo m\u00e1s r\u00e1pido de ah\u00ed mientras \u00e9l hac\u00eda lo mismo. Despu\u00e9s de eso regres\u00e9 a casa de Mario en incontables ocasiones, no iba a dejar de visitarlo solo por que frente a \u00e9l viviera una loca armada que odiaba a los inmigrantes que estaban rob\u00e1ndose el pa\u00eds. Pero todas las veces me estacionaba un par de casas antes y entraba por la puerta de atr\u00e1s, qui\u00e9n sabe si poni\u00e9ndome en la mira de otro vecino loco.<\/p>\n\n\n\n<p>Como ese, la polic\u00eda escuch\u00f3 varios episodios m\u00e1s mientras se llevaban a la se\u00f1ora y levantaban el cad\u00e1ver de Palacios. Pobre Palacios; yo lo iba a conocer ese d\u00eda, pero sab\u00eda mucho de \u00e9l. Palacios, Mario y Lea, la esposa de Mario, eran inseparables desde la \u00e9poca de la universidad. Lea siempre contaba lo que hac\u00eda Palacios, su viaje a M\u00e9xico, el divorcio, el regreso a Venezuela, recuperar su cargo, recomenzar los intentos para que lo trasladaran, y luego de varias promesas rotas y postergaciones inexplicables, por fin la nueva posici\u00f3n laboral en el sur de Florida. Y en su parrillada de bienvenida, va y toca la puerta que no pod\u00eda tocar.<\/p>\n\n\n\n<p>Yo estaba al lado de Mario cuando recibi\u00f3 el texto de Palacios. Movi\u00f3 su dedo pulgar varias veces con rapidez y volvi\u00f3 a estar pendiente de la carne; no m\u00e1s de dos minutos despu\u00e9s se oyeron los disparos. Salimos corriendo y vimos a la triunfante cazadora en el umbral. Nos acercamos con premura pero con cuidado y a punto estuvo la se\u00f1ora de disparar de nuevo. Alguien, creo que un vecino que no estaba en la parrilla, la llam\u00f3 por su nombre y le pregunt\u00f3 qu\u00e9 sucedi\u00f3. Un wet feet, as\u00ed dijo, iba a violarla, pero ella se defendi\u00f3 con el derecho que le daba la Constituci\u00f3n. Y ah\u00ed estaba el cuerpo de Palacios tirado en el piso con el pecho abierto por el doble escopetazo.<\/p>\n\n\n\n<p>Palacios se equivoc\u00f3 de lado de la calle y cuando Mario le dijo por mensaje que pasara, que estaba abierto, al parecer forceje\u00f3 con la puerta, probablemente m\u00e1s sorprendido por su ineptitud frente al mecanismo que intentando entrar a como diera lugar. En el celular qued\u00f3 un \u201cPero\u201d como la poco elocuente \u00faltima palabra que escribi\u00f3 antes de que la due\u00f1a de casa disparara sin preguntar.<\/p>\n\n\n\n<p>Cuando Mario le mostr\u00f3 a un oficial la conversaci\u00f3n en su tel\u00e9fono, Lea perdi\u00f3 la compostura y gritando fuera de s\u00ed le reclam\u00f3 a su esposo que no le hubiera advertido a Palacios que la vecina era una loca peligrosa. Mientras lo golpeaba desahogando su impotencia, repet\u00eda una y otra vez \u201cmi Atilio, mi Atilio\u201d. No s\u00e9 decir cu\u00e1ntas veces en casa de Mario se mencion\u00f3 a Palacios, pero esa fue la primera vez que escuch\u00e9 su nombre de pila. Entonces en mi memoria se form\u00f3 con nitidez la imagen de Mario levant\u00e1ndose a refrescar tragos o para ir al ba\u00f1o cada vez que Lea comenzaba a hablar de Palacios. Mi impresi\u00f3n, estuve seguro, hab\u00eda sido la correcta: Mario no se sobresalt\u00f3 como todos ni se mostr\u00f3 sorprendido o intrigado desde que escuchamos el ruido de la escopeta hasta que vimos el cad\u00e1ver de Palacios.<\/p>\n\n\n\n<p>Si me veo obligado, volver\u00e9 a poner mi grano de arena para que la se\u00f1ora no pueda mantenerse firme en su patio. Se lo debo a Mario por tanto cachito de jam\u00f3n y palmeras que nos comimos en la panader\u00eda Latina luego de pasar toda la tarde jugando f\u00fatbol y cay\u00e9ndonos a golpes en el parque M.J. Sanz. Pero por mucho tiempo los gritos de Lea no dejar\u00e1n de sonar en mi cabeza, y s\u00e9 que Mario tampoco se sorprender\u00e1 cuando se d\u00e9 cuenta de que nunca volv\u00ed a aparecerme por su vida.<\/p>\n\n\n\n<hr class=\"wp-block-separator has-alpha-channel-opacity\"\/>\n\n\n\n<p><\/p>\n\n\n\n<p>Este cuento tambi\u00e9n est\u00e1 publicado en la <a href=\"https:\/\/www.nagarimagazine.com\/la-casa-de-enfrente-luis-alejandro-ordonez\" target=\"_blank\" rel=\"noreferrer noopener\">revista Nagari<\/a>.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Todos los vecinos lo confirmaron, yo tambi\u00e9n: La se\u00f1ora era una aut\u00e9ntica bomba de tiempo. 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