{"id":586,"date":"2010-12-01T07:39:46","date_gmt":"2010-12-01T13:39:46","guid":{"rendered":"http:\/\/www.laoficinadeluis.com\/?p=586"},"modified":"2020-12-06T21:26:26","modified_gmt":"2020-12-06T21:26:26","slug":"silent-night","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/silent-night\/","title":{"rendered":"Silent Night"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Es el problema del calendario: arroja los d\u00edas sin importarle si est\u00e1s preparado para recibirlos. Y nosotros no est\u00e1bamos preparados para recibir la navidad. Adela con sus idas y venidas, un art\u00edculo aqu\u00ed, una rese\u00f1a all\u00e1, cada nota que entregaba serv\u00eda solo para comenzar la siguiente, en un ciclo sin fin que le estaba robando la cabeza necesaria para escribir lo que realmente quiere: una novela de \u00e9poca, creo que ambientada en la Guerra de Independencia. Mientras tanto, yo trataba de adaptarme a estos tiempos que cambian de formas que no queremos.<\/p>\n\n\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Desde que muri\u00f3 Marcel Marceau ya nadie se interesa por los mimos. No importaba cuan novedosa o exigente fuera la rutina, la conclusi\u00f3n siempre era la misma: la cantidad de dinero recibida tras cada actuaci\u00f3n estaba haciendo inviable mi carrera. Antes de que fuera demasiado tarde, decid\u00ed que era hora de intentar algo m\u00e1s productivo y comenc\u00e9 a trabajar como estatua viviente. La paga es mucho mejor porque no depende de la generosidad de los transe\u00fantes, y eso de tener una tarifa por hora y poder hacer el c\u00e1lculo de cu\u00e1nto dinero tendr\u00eda al final de la jornada me hace sentir como todo un burgu\u00e9s. Pero pasar tantas horas en la vitrina de una tienda me est\u00e1 entumeciendo como artista. No se me malinterprete, no lo considero un arte menor o menos exigente que el del mimo, pero hay cosas que no se pueden comunicar solo con la vista. Adem\u00e1s, la buena estatua viviente sabe que el secreto est\u00e1 en no mantener la mirada demasiado fija, que a todos incomoda el sentirse observado por alguien inm\u00f3vil que no dice nada. \u00bfC\u00f3mo trasmitir algo realmente importante tratando de pasar desapercibido? La peor parte llega cada vez que cambio de posici\u00f3n y sorprendo hasta el infarto a un descuidado mir\u00f3n de vitrinas. De inmediato recibo una atenci\u00f3n e inter\u00e9s que nunca obtuve como mimo, pero que en unos cuantos segundos se desvanece como las paredes que constru\u00eda con mis guantes blancos y eso es frustrante, tener al p\u00fablico ah\u00ed, listo, expectante, deseoso y entonces abandonarlo.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Si pudiera mantenerme completamente inm\u00f3vil sin tener que verle la cara a nadie por seis, ocho, diez, las horas necesarias hasta que la tienda cierre&#8230; Por eso comenc\u00e9 un riguroso entrenamiento que inclu\u00eda rutinas de meditaci\u00f3n y yoga, segu\u00ed el m\u00e9todo de respiraci\u00f3n de Kenny G y copi\u00e9 varios de los ejercicios de David Blaine. La dificultad principal de la meta estaba en mantener los m\u00fasculos suficientemente relajados en las posiciones t\u00edpicas de los maniqu\u00edes, siempre con esa rigidez tan inhumana. Para el mes de diciembre quer\u00eda haber logrado tres o cuatro horas de total inmovilidad, as\u00ed no tendr\u00eda que vivir la angustia de tantas atenciones desaprovechadas en la \u00e9poca de mayor circulaci\u00f3n frente a las vitrinas. Me somet\u00ed a un r\u00e9gimen realmente exigente. Apenas regresaba de mi jornada en la vitrina, comenzaba el entrenamiento en casa. Primero acondicionaba y tonificaba los m\u00fasculos para lograr el equilibrio entre tensi\u00f3n y relajaci\u00f3n que necesito en brazos y piernas. Luego, ejercicios de respiraci\u00f3n buscando que la entrada de aire en los pulmones fuera prolija con apenas un leve movimiento del diafragma. Despu\u00e9s, la parte m\u00e1s dura, la meditaci\u00f3n en posiciones maniqueas. Estaba dedic\u00e1ndole largas horas a mi rutina, pero a\u00fan permanec\u00eda lejos de la total inmovilidad.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Mientras, mi vida junto a Adela se estaba convirtiendo en un entra y sale de silencios, porque cuando llegaba a casa, ella recib\u00eda de m\u00ed una mirada que intentaba decir \u201cte amo, te extra\u00f1\u00e9, \u00bfc\u00f3mo te fue en tu d\u00eda? El m\u00edo estuvo bien, he logrado bastantes progresos en mi inmovilidad, cuando termine voy a darte un beso\u201d, pero como uno de esos transe\u00fantes demasiado ocupados para dedicarle un momento a un artista callejero, Adela segu\u00eda de largo. Encerrada m\u00e1s y m\u00e1s en su escritura, aceptaba cada vez un mayor n\u00famero de proyectos, vi\u00e9ndose obligada a estar m\u00e1s horas en la calle para realizar entrevistas, recoger testimonios, visitar sitios y asistir a eventos para rese\u00f1ar o poder opinar sobre ellos. Se encerraba a escribir segundos despu\u00e9s de entrar en la casa y yo aprovechaba para continuar mi entrenamiento.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Cuando lleg\u00f3 la temporada navide\u00f1a, pr\u00e1cticamente no nos habl\u00e1bamos, ella escrib\u00eda y yo me quedaba quieto. Tan obcecado estaba por mi objetivo, que vi una buena simbiosis en la situaci\u00f3n: ella estaba recibiendo un silencio precioso para escribir el n\u00famero de caracteres que ten\u00eda que entregar y yo pasaba suficiente tiempo desapercibido como para superar mi propio r\u00e9cord de inmovilidad. Ya alcanzaba los noventa minutos de completo congelamiento, me estaba volviendo un maestro del arte de las estatuas vivientes. Pero la navidad le rompe las rutinas a todo el mundo y un d\u00eda Adela par\u00f3 de escribir para adornar la casa. De pronto, el esp\u00edritu navide\u00f1o pareci\u00f3 invadirnos y para aumentarlo decid\u00ed dejar por un rato mi entrenamiento y ayudar a Adela con la decoraci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">No tenemos tantos adornos, el arbolito, un peque\u00f1o nacimiento y tres o cuatro cosas m\u00e1s, suficiente para que aquello luzca excesivo, que nuestra casa es un peque\u00f1o anexo construido al convertir una puerta en un muro de bloques y el \u00e1rbol es demasiado alto para el espacio disponible. Compramos ese \u00e1rbol porque lo estaban rematando y las ofertas cambian la medida de las cosas. Mientras ella decoraba la casa, yo armaba el arbolito: el orden de las ramas nunca me queda del todo claro y siempre me doy por vencido con alguna secci\u00f3n solo para descubrir que en la posici\u00f3n donde estaba tratando de incrustarla era otra la que encajaba perfectamente.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Con el arbolito por fin armado, cada uno tom\u00f3 una tira de luces y comenzamos a ponerlas dando vueltas alrededor de \u00e9l, Adela desde arriba hasta abajo y yo desde abajo hasta arriba. Quiz\u00e1s fue porque yo estaba pensando en volver a mi entrenamiento e imagino que ella ya ten\u00eda la cabeza puesta en el siguiente art\u00edculo, pero para ese momento el esp\u00edritu navide\u00f1o se hab\u00eda disipado. Como si aquello hubiera sido una obligaci\u00f3n, un encargo que no quer\u00edamos cumplir, trabajamos completamente ajenos el uno del otro y ajenos incluso a la tarea. <\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">El arbolito es mucho m\u00e1s alto que cualquiera de nosotros dos. Por eso, Adela no comenz\u00f3 desde la parte alta y yo tuve que estirarme para llenar de luces donde ella no hab\u00eda llegado. Con un esfuerzo final alcanc\u00e9 la punta para poner el adorno en forma de estrella de Bel\u00e9n con la lucecita adentro. Para lograrlo, qued\u00e9 pr\u00e1cticamente abrazado al arbolito, ligando que no cediera con mi peso. Fue entonces cuando sent\u00ed el primer pinchazo. Uno de los bombillos navide\u00f1os estaba clav\u00e1ndose en mi pierna de una forma que pronto se volver\u00eda bastante dolorosa. Trat\u00e9 de zafarme de la molestia pero cuando quise mover la pierna sent\u00ed el mismo puntillazo en la otra. Todav\u00eda sin entender lo que estaba pasando, vi a Adela intentando conectar ambas tiras entre s\u00ed, pero su cable no alcanzaba, entonces lo hal\u00f3 con todas sus fuerzas y con ello unos cuantos bombillos m\u00e1s se hincaron en mi cuerpo y me dejaron firmemente aprehendido al arbolito. Al tratar de advertirle a Adela lo que estaba sucediendo, un bombillo de mi propia tira se introdujo cual mordaza en mi boca y cuando Adela enchuf\u00f3 las luces al tomacorriente, el bombillo comenz\u00f3 a iluminar intermitentemente mi cavidad bucal como el m\u00e1s extra\u00f1o de los guindalejos del arbolito. Mientras colgaba los adornos, Adela me vio r\u00edgido en tan extra\u00f1a posici\u00f3n y no supo sino reconocer en m\u00ed la inmovilidad de los \u00faltimos meses; lo tom\u00f3 como una broma de mal gusto. Con el desprecio del cansancio, me ignor\u00f3 todo el rato que tard\u00f3 en colgar los adornos, e incluso sigui\u00f3 ignor\u00e1ndome cuando yo mov\u00eda los dedos y hac\u00eda sonar como campanas los adornitos que colg\u00f3 en ellos.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">\u201cQuiere darme una lecci\u00f3n\u201d, me repet\u00eda buscando fuerzas para resistir el doble suplicio de los bombillos enterrados en mi piel y de los m\u00fasculos entumecidos. Pero pasaban las horas y qui\u00e9n sabe si hasta los d\u00edas y la mirada de Adela ya no era ni de cansancio ni de desprecio. Era una mirada vac\u00eda, como quien ve la multitud pasar delante de s\u00ed incapaz de retener un solo rostro. Sumergida en sus propios pensamientos, por m\u00e1s que Adela miraba hacia donde yo estaba, ya no me ve\u00eda a m\u00ed o al arbolito. Su ausencia comenz\u00f3 a preocuparme m\u00e1s que mi situaci\u00f3n. Algo la estaba molestando m\u00e1s all\u00e1 de mi propio silencio, o el silencio permiti\u00f3 que ese mal mayor surgiera en su verdadera dimensi\u00f3n. Yo saldr\u00e9 de este inconveniente cuando alguien venga a visitarnos y deje un regalo debajo del arbolito, o cuando llegue la hora de recoger los restos de las fiestas decembrinas. Sin embargo, la sent\u00eda en un pozo tan profundo que me daba v\u00e9rtigo cuando ella bajaba la mirada de preocupaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">La ve\u00eda cada vez que entraba o salia de la casa, y como si ese pasar fuera una rutina de mimo intentaba descifrar sus mensajes. Pero solo me llenaba de nuevas interrogantes. La \u00fanica respuesta que pude encontrar fue que ten\u00eda que romper no mis ataduras sino el silencio. Agitaba los dedos lo m\u00e1s duro que pod\u00eda e intentaba balancearme para que el arbolito se desplomara. Nada. No ten\u00eda fuerzas para cambiar mi situaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p class=\"wp-block-paragraph\">Entonces, sucedi\u00f3 el milagro. Son\u00f3 el tel\u00e9fono y Adela estaba en casa. De la tienda preguntaban por qu\u00e9 no hab\u00eda ido a ocupar mi puesto en la vitrina. Adela no supo dar cuenta de m\u00ed, colg\u00f3 el tel\u00e9fono y se par\u00f3 frente al arbolito. Uno a uno los bombillos clavados en mi cuerpo se fueron dibujando en su retina. Y de pronto, todo se le mostr\u00f3 claro. \u201cPero, \u00bfqu\u00e9 te pas\u00f3?\u201d, dijo mientras desconectaba el arbolito y aflojaba mis amarras. Apenas pude sostenerme en pie y Adela tuvo que abrazarme para que no me cayera. \u201c\u00bfQu\u00e9 te hice?\u201d, me dec\u00eda mientras revisaba las heridas que me produjeron los bombillos. \u201cNo, \u00bfqu\u00e9 te hice yo?\u201d, ripost\u00e9 y la obligu\u00e9 a verme a los ojos. La mir\u00e9 con una mirada llena de palabras, palabras que no nos hab\u00edamos dicho nunca, palabras que hab\u00edamos dejado de decirnos, palabras que ten\u00edamos que habernos dicho hac\u00eda tiempo. Adela comenz\u00f3 a llorar, pero en sus l\u00e1grimas no hab\u00eda tristeza, ni siquiera preocupaci\u00f3n, solo alivio. Llor\u00e9 con ella y nos quedamos abrazados por un largu\u00edsimo rato mientras el silencio de la casa volv\u00eda a hac\u00e9rsenos confortable.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Es el problema del calendario: arroja los d\u00edas sin importarle si est\u00e1s preparado para recibirlos. <\/p>\n","protected":false},"author":2,"featured_media":0,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_jetpack_newsletter_access":"","_jetpack_dont_email_post_to_subs":false,"_jetpack_newsletter_tier_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paywalled_content":false,"iawp_total_views":1,"_jetpack_feature_clip_id":0,"_jetpack_memberships_contains_paid_content":false,"footnotes":"","jetpack_post_was_ever_published":false},"categories":[5],"tags":[],"class_list":["post-586","post","type-post","status-publish","format-standard","hentry","category-narraciones"],"jetpack_featured_media_url":"","jetpack_sharing_enabled":true,"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/586","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/users\/2"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=586"}],"version-history":[{"count":9,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/586\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":3619,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/586\/revisions\/3619"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=586"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=586"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/www.laoficinadeluis.com\/noviembre\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=586"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}