Hace un año escribí sobre Sammy Sosa y el Salón de la Fama en mi blog sobre los Cachorros de Chicago. Un año después, sigue el mismo debate en torno a las candidaturas de los jugadores más emblemáticos de la Era de los Esteroides. Mi opinión no ha variado al respecto, por eso repito aquí lo que escribí allá:
Mi posición es esta: no es en la votación al Salón de la Fama donde se debe decidir si se pone en entredicho o no el legado de unos jugadores. Es antes. Como en el caso de los Medias Negras de Chicago, como en el caso de Pete Rose, se tomó la decisión de execrarlos del beisbol y es esa decisión la que se apoya o se critica, no el voto a favor o en contra de un escritor en la boleta del Salón de la Fama. Pienso que la MLB debe asumir su responsabilidad y tras revisar toda la evidencia que ha acumulado en todos estos años sobre el tema, decir claramente si los jugadores señalados como consumidores de esteroides y sus logros pueden ser parte de los libros de récords o del Salón de la Fama.
Mientras algo así no pase, se estará en este limbo donde uno a uno los miembros de la Asociación de Escritores con derecho a voto deciden si para ellos el usar esteroides es reprobable o no, si hay suficiente evidencia o rumores suficientemente sustentables de que un jugador era limpio o no, si los números de un jugador se sostienen más allá de los esteroides o no, o si usar esteroides es comparable o no a otro tipo de conductas o prácticas reprobables del pasado. A los escritores no se les dio la oportunidad de decidir si las apuestas que hizo Rose alteraban el legado de sus números como jugador, porque simplemente Rose no apareció en la boleta. Quien esté en contra de que Rose no esté en el Salón de la Fama, sabe a dónde dirigir su causa.
Los actuales votantes parecen estar hablando claramente. Ninguno de los jugadores identificados como parte de la Era de los Esteroides ha entrado en el Salón de la Fama. Quizás en el futuro eso cambie. Quizás en el futuro se compruebe que entraron jugadores que se creía limpios y no lo estaban, o que se dejó fuera jugadores que se creyó consumidores pero nunca lo fueron. Con esos casos se podrá lidiar si hay una posición institucional. Mientras no la haya, estaremos frente a este despelote, donde los escritores son carne de cañón independientemente del lado en que estén o del criterio que utilicen para votar, pero también donde los propios jugadores toman partido y hay quienes dicen que no se debe permitir a los tramposos en Cooperstown y otros que es injusto que jugadores del calibre de Bonds, Clemens o Sosa no estén en el Salón. Qué decir de nosotros los aficionados.
Controversia habrá siempre. Tenemos catorce años peleando si Morris es o no Salón de la Fama. A Lofton lo seguirán mencionando como otros mencionamos a Whitaker. Pero quienes crean que con Palmeiro o Sosa estamos discutiendo sus números están pecando de desinformados o están haciendo pasar por neutra una posición ya tomada respecto a los esteroides. El problema es que esto apenas comienza. Bonds, Clemens, McGwire, Sosa y Palmeiro seguirán en la boleta al menos un año más; también otros sospechosos de consumo para muchos, como Jeff Bagwell. En el futuro los votantes tendrán que lidiar con casos como el de Alex Rodríguez o Andy Pettitte, que al parecer fueron perdonados por el gran público, o como el de Ryan Braun, a quien un tecnicismo lo salvó de una suspensión. Es hora de que la MLB tome una medida clara, que le quiten los asteriscos como al jonrón 61 de Maris o que los borren como al nombre de Lance Armstrong en el Tour de Francia. La situación actual es simplemente ridícula.
Claro, un año después, hay que cambiar algunos detalles, en especial del último párrafo, porque Rafa Palmeiro ya no volverá a aparecer en las boletas, Alex Rodríguez ahora sí parece que ni el gran público lo perdona luego de verse envuelto en un nuevo escándalo de dopaje y Braun ya vivió una suspensión.
