El mundo ha cambiado mucho desde el final de la Guerra fría: aliados que ya no lo son, antiguos enemigos que colaboran entre sí, nuevos poderes, fuerzas y países que se desempeñan de forma aparentemente irracional o con una racionalidad por completo diferente o inesperada, causas que desaparecieron. En ese mundo, un gremio tiene que vivir y sufrir con especial atención los vaivenes del nuevo orden: el de los espías y agentes secretos de las fuerzas especiales. Es en ese gremio que Daniel Silva centra su atención, en El espía inglés, una nueva entrega de las aventuras del espía israelí Gabriel Allon. Agentes dobles, traidores, mercenarios y sobre todo asesinos infalibles pululan las páginas de esta trama de acción que empieza con un asesinato y termina, como no, con un asesinato luego de muchos asesinatos en el medio.
Me interesó en particular el personaje que mueve la acción, un exmiembro del IRA que luego de quedarse sin causa y con ello sin trabajo, termina de mercenario internacional al servicio del mejor postor. Durante el desarrollo de la historia descubrimos que se paseó por Libia, por Venezuela, por el Caribe, es contratado por los rusos, tiene contactos en Irán, Irlanda, Inglaterra, y que es el responsable de históricos atentados del IRA, pero en el fondo lo único que hubiera querido seguir haciendo era luchar por la independencia de la zona católica de Irlanda del Norte. No sé, me recordó al niño asesino de La virgen de los sicarios que con la caída de Pablo Escobar se quedó literalmente sin trabajo. Es fuerte pensar en este tipo de personajes, siempre a medio camino entre la realidad y la idealización, al estilo de pérfidos caballeros andantes, verlos como simples trabajadores asalariados, trabajadores a destajo listos para vender sus servicios y su especialidad a quien tenga a bien pagar por ellos.
Es lo que se respira en la novela de Silva. En El espía inglés no hay ideologías, no hay proyectos ni intereses nacionales que resguardar, solo hay sobrevivencia, de los funcionarios al servicio de los poderes vigentes y de los personajes que se volvieron parias tras la derrota de un antiguo poder. Así, la trama es una serie de acciones que pudiera durar tanto más tanto menos como personajes queramos involucrar en ella. Para ser honestos, yo quedé un poco agotado de tantos ajustes de cuentas, pero Gabriel Allon y su compañero en esta aventura Christopher Keller, sin duda están listos para poner sus armas vengadoras de nuevo al servicio de las buenas causas de los gobiernos israelí y británico, o, como en El espía inglés, al servicio de sus intereses personales.
