Caimaneras e instituciones

BeisbolLa caimanera es el nombre que se le da en Venezuela a los juegos de béisbol espontáneos en parques, terrenos baldíos o cualquier lugar donde quepan tres bases y el home. Cuando solía ocuparme de esas cosas, mi presentación sobre las instituciones en Venezuela comenzaba hablando de las caimaneras. Reglas claras y voluntad de las partes para respetarlas es todo lo que se necesita para que una institución funcione, solía decir, pero en un país donde la falta de normas y reglas claras solía ser la principal preocupación, las discusiones y ejemplos solían estar en cómo las caimaneras funcionaban porque se sabía de antemano que un inning tiene tres outs y porque se negociaban rápidamente reglas ad-hoc debido a las condiciones particulares del juego, por ejemplo si la pelota cae en el basurero es out por regla y el bateador tiene que buscarla. Sin embargo, la enseñanza principal de la caimanera está en la segunda parte, no hay caimanera sin voluntad de las partes para respetar la norma. Cuando el bateador decide que no va a sacar la pelota del basurero se acabó la partida. Y si alguien intenta que para su equipo haya cuatro outs, bueno, la partida ni siquiera comienza.

Pero la discusión se queda corta si no pensamos en los jugadores que entran a la caimanera con la voluntad expresa de violentar la norma, de aprovecharse de ella. Claro que todo símil tiene sus limitaciones y hablar de que la caimanera le sirva a algunos para obtener beneficios a costa del resto puede resultar en exceso caricaturesco, aunque sí sirve para desmontar la idea de que el que quiere violentarla va a pedir cuatro outs para sí y tres para el resto; más bien suele usar argumentos y situaciones más sutiles como que ahí donde cayó la pelota ya no hay basurero, así que el fildeador tiene que buscarla mientras el bateador aprovecha y anota en carrera, llevando la discusión a si fue carrera o no y “si me quitan la carrera están haciendo trampa, solo así pueden ganarme”. Tampoco idealicemos demasiado, muchas caimaneras terminan a los golpes o con lo más grandes robándoles pelotas, guantes, bates u otras cosas a los más pequeños. Lo relevante, creo yo, es que este símil me ha servido durante muchos años para entender que la institución es tan débil o fuerte como la voluntad de las partes para respetarla y que a falta de esa voluntad, o peor, con la voluntad de no respetarla, es poco lo que queda, es fuertes contra débiles, exactamente lo que suelen querer evitar las instituciones democráticas, que las sociedades sean la voluntad del fuerte imponiéndose a los débiles.

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