Como Sísifo llevando su piedra, todo aquel que abre un blog se condena a sí mismo a escribir, escribir sin parar so pena de que tu casa virtual luzca abandonaba. Día a día, mes a mes, año tras año, el blog se le presenta a su dueño como un diario siempre a punto de ser abandonado. Porque así son las cosas en esta inmediatez en la que vivimos. Basta con que no realicemos entrada alguna por un tiempo que puede ser tan largo como un día, tan corto como un par de meses, para que el blog luzca un proyecto abortado. Y la presión de publicar siempre, de actualizar permanentemente, hace que perdamos de vista que toda letra que escribimos es parte de un proyecto, a veces claro, a veces no tanto, el proyecto imposible de lograr darle sentido al mundo que nos rodea, aunque sea a través de unas cuantas palabras colgadas cada cierto tiempo en una página web.
