En defensa del oxímoron

De los recursos retóricos, quizás el que más me gusta es el oxímoron: Combinar dos ideas o conceptos opuestos para construir una nueva imagen o significado. Hay oximorones famosos como el silencio ensordecedor o la enceguecedora claridad, hay otros que formalmente no lo son pero señalados como tales producen en la audiencia la reacción del mejor de los chistes, como es el caso de inteligencia militar, que una vez que fue señalado como oxímoron ya más nunca volvió a ser un concepto serio. Pero se ha vuelto costumbre cuestionar cualquier combinación de dos ideas o acciones que nos parecen contrarias calificándolas de oxímoron, a pesar de que carezcan precisamente de la característica que las definiría como uno: La de originar un nuevo sentido con su combinación. Si dos conceptos o ideas combinadas no tienen sentido, señalemos su sinsentido, su farsa. Al decir que forman un oxímoron no rechazamos la combinación, al contrario, estamos legitimándola pues vemos en ella la aparición de un nuevo concepto. No, defendamos el oxímoron, denunciemos el sinsentido.

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