Los esteroides ya ganaron

El actual líder del Tour de Francia, el británico Chris Froome, se quejaba de que en la rueda de prensa tras su victoria en la etapa 15 de la carrera no recibía preguntas sobre su actuación sino sobre similitudes con Lance Armstrong, el siete veces ganador de la competencia que hace unos meses confesó lo que ya todo el mundo sabía, que sus victorias fueron logradas con la ayuda de sustancias prohibidas. Las comparaciones se basan en una premisa que quizás sea falsa, pero que a punta de resultados positivos se ha vuelto común: el dominio de Froome en este Tour 2013 es tan avasallante que no puede ser limpio.

Es la misma premisa con que muchos se acercan a la actuación del pelotero de los Orioles de Baltimore, Chris Davis, quien con 37 jonrones a mitad de la temporada de Grandes Ligas va a un paso histórico, tan histórico que está despertando toda clase de suspicacias en público y analistas. El efecto de los esteroides en el béisbol es tan devastador que el propio récord de jonrones de una temporada está para muchos entre dicho, pues pertenece a Barry Bonds, quien se convirtiera en el atleta de laboratorio por antonomasia por su relación con conocidos fabricantes de sustancias no aprobadas de mejora del rendimiento.

La admiración por el equipo de velocistas de Jamaica será sometida a dura prueba luego de que dos de sus miembros dieran positivo en un examen antidopaje el mes pasado, volviendo a poner en el ojo del huracán al atletismo, deporte que suele ser fuente principal de escándalos de dopaje, junto a la natación, el ciclismo y el béisbol. ¿Son los deportistas de estas disciplinas los que más se dopan o son estos los deportes que más persiguen a los consumidores de sustancias prohibidas? La victoria de los esteroides radica ahí, en que muchos de nosotros pensamos que la falta de escándalos en disciplinas como el tenis, el fútbol o el baloncesto no son sinómino de deportistas limpios sino de exámenes antidopaje laxos o simplemente inexistentes.

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