El jugador selfie

En algún mundial del pasado, cuando todavía veía los juegos con volumen y me quedaba sentado frente al televisor en el entretiempo, un canal de televisión hacía segmentos desde una tasca caraqueña si jugaba España, desde el Club Ítalo Venezolano si jugaba Italia, desde un museo abandonado si jugaba Grecia. De esas transmisiones solo recuerdo una intervención en la que el tertuliano dijo que había 4 grandes jugadores en la historia del fútbol y todos jugaban por un motivo: Di Stefano, el jugador que jugaba para el equipo; Pelé, el jugador que el equipo jugaba para él; Cruyff, el jugador que jugaba por dinero; y Maradona, el jugador que jugaba para la tribuna.
No sé si era un dicho de la época o si el tertuliano lo creó él mismo, pero desde entonces siempre intento agregar jugadores a la lista con su respectiva razón. No es tarea sencilla, pues tienen que ser grandes entre los grandes y la razón no puede ser repetida.
A Zidane logré añadirlo: el jugador que juega por revancha. Solo así se explica esa mirada fría e inescrutable que mostraba en la cancha o la absoluta indiferencia con que escuchaba las notas de La Marsellesa, y así se entiende perfectamente la facilidad con que hacía goles sublimes y acto siguiente le daba un pisotón artero y sin razón a un contrario. Si Maradona definió su carrera el mismo día con la mano de Dios y el mejor gol en la historia de los mundiales, Zidane la definió en dos finales, con sus dos goles ante Brasil y su expulsión ante Italia.
A Messi no he logrado incluirlo, porque le doy dos razones ya listadas. Él juega para el público, tal como Maradona, o tal como Pelé, el equipo juega para él, para que ponga la guinda. Me he ido quedando con la segunda. Cuando el equipo no funciona, Messi parece deprimido en el campo, o desinteresado, es como si les pidiera a sus compañeros que arreglen sus asuntos primero para él poder dar su pincelada. Por eso, en el primer partido del Mundial de Brasil, Argentina tuvo que reacomodarse en la cancha antes de que Messi pudiera aparecer y resolver como solo un grande resuelve.
A quien sí he podido agregar a la lista, aunque todavía no nos da un Mundial que le gane el derecho a estar en ella, es a Cristiano Ronaldo. Ronaldo juega para la pantalla, para verse en ellas. Es el jugador que mejor ejemplifica el espíritu de esta época y precisamente por eso está condenado a ser el jugador más odiado de estos tiempos. Porque al verlo a él viéndose a sí mismo, en realidad nos vemos a nosotros posando para un selfie, tuiteando durante el partido, saludando a la pantalla gigante del estadio, o escribiendo esta entrada de blog.

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