Solo de guitarra

Le dio un nuevo golpe al mástil de la guitarra y el público aplaudió, gritó, chocaron manos, se abrazaron, arrojaron cervezas al cielo que lo salpicaron, embriagándolo un poco más. La adrenalina le corría por los dedos. Los trastes parecían acercarse de la facilidad con que los alcanzaba. Sintió que a través de él fluían las mejores notas de Hendrix, Clapton, Page, Eddie Van Halen, Steve Vai, Joey Santiago, Jack White. Fue energía pura y la transformó toda en música, la mejor música que alguna vez había hecho. Vaciado por completo en su guitarra, tardó un par de segundos antes de darse cuenta de que esta vez la reacción del público fue la contraria: abuchearon, le dieron la espalda, lanzaron objetos e hicieron gestos pidiéndole que abandonara el escenario. Vio las pantallas que lo rodeaban imaginándose lo peor. En efecto, el equipo al que apoyaba el público del lugar se había puesto abajo en el marcador. Se acercó al baterista y le mentó la madre, no por él sino por su hermano, el agente de la banda, que les había conseguido ese toque en un sports bar.

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