Autoplagio

Indignado no tanto por lo evidente del plagio sino por la falta de creatividad de su representado, el agente le espetó:

–¿Wikipedia? ¿En serio?

El afamado novelista repasó su método de archivo y no fue capaz de imaginar cómo ni cuándo cometió el error. En un silencio que su agente interpretó como penitente, el escritor recordó con nostalgia los años en que sin tregua ni descanso buscaba el escurridizo oficio del que tantos maestros y condiscípulos le aseguraban carecía. Con el tiempo, los días de escribir y escribir sin paga ni firma se vieron recompensados, pero tantos textos publicados por aquí y por allá 10 mil horas atrás, de pronto regresaron con una temible e inexplicable sed de venganza. En el fondo, él entendía por qué y no quiso defenderse.

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