Yo no he leído el Quijote pero puedo recitarlo de memoria. Cada vez que alguien lo entrega en la biblioteca, le pido que me cuente la aventura que más ha disfrutado. Así me lo he ido construyendo como un rompecabezas de palabras al viento. Claro que en mi versión, Alonso Quijano nunca recupera la cordura.
