Antes, su frustración apenas se asomaba, ahora es el único olor que reconozco. Es que después de tantas caricias y cuidados, tantas comidas de primera y tantas noches al pie de su cama, todavía la única forma de soportar el día a día es imaginar que en el próximo paseo por fin soltará la correa, disparará al aire y yo saldré a toda velocidad detrás de las liebres que no paran de corretear en mi cabeza.
