No logré encontrarla para hacer una mejor cita, pero recuerdo haber leído que una vez terminado un curso de literatura escandinava, Jorge Luis Borges invitó a un grupo de estudiantes a descubrir una literatura fascinante: la escandinava, como si una vez cumplido el requisito, ahora sí el verdadero conocimiento estaría al alcance. La anécdota volvió varias veces a mi memoria mientras leía La otra Julia, de Mayra Santos-Febres, novela que aborda la vida de la poeta puertorriqueña, Julia de Burgos.
En un muy interesante e inteligente juego literario, la obra sobre Julia de Burgos comienza con la obra sobre Julia de Burgos ya escrita, en la versión biográfica del libro dentro del libro, como si luego de haber cumplido con el requisito de escribir una biografía académica e institucional sobre Julia de Burgos, ahora sí la escritora (¿Santos-Febres o una tercera Julia?) estuviera libre (o liberada) para escribir la obra sobre la otra Julia.
Ese juego le permite a Santos-Febres escribir la biografía de Julia de Burgos de la forma que realmente quería y abordar los aspectos de la vida de la poeta que se prefieren dejar de lado a la hora de celebrar su poesía: su condición de independentista puertorriqueña, de mujer divorciada, de pareja de hombres todavía casados y de su abuso de la bebida, cosa que terminó llevándola a la ruina y a una muerte prematura. Pero también por ello Santos-Febres puede incorporar el efecto que De Burgos tuvo en la vida de tantos lectores y conocidos, personas que se le acercan a la autora de la biografía a contarle nuevas anécdotas, que participan de las conferencias sobre la poeta con un interés que traspasa lo literario y se muestra afectivo, fraternal y emotivo como solo puede producirlo el poema, la obra, que nos acompaña toda la vida.
La biógrafa es parte de ese interés afectivo y emotivo, porque la poesía de Julia también la ha acompañado a ella toda la vida y su biografía personal, de mujer puertorriqueña, afrocaribeña, liberal, feminista, poeta y académica, se parece mucho a la de De Burgos incluso en los rasgos más personales, como la presencia de la madre enferma, de la familia problemática y de la preferencia por el espacio personal e intelectual sobre el de la pareja. En ese paralelismo entre biógrafa y biografiada, La otra Julia despliega la trascendencia de su propuesta literaria, porque al final la otra Julia bien pudiera no ser Santos-Febres sino una alter ego de la una o de la otra que vuelve a señalar cómo la lucha por conseguir y conservar el cuarto propio sigue vigente.
