Pequeñas palabras

Los gyros en Gyromhena, los perros en Hot Doug, el shawarma de Sultan Market, por supuesto la pizza deep dish de Giordano’s y burritos, muchos burritos, que Chicago es ciudad de burritos, por eso no tiene sentido decirte un lugar de antemano, caminando íbamos a entrar en el que se te ocurriera, en el que más te provocara. El tour antigastronómico, el tour del hambre en Chicago, lo venía ideando desde la penúltima vez que nos vimos, ahí en el patio de tu casa, y solo hablamos de comida, de la comida que te gustaba: perros y pepitos en puestos callejeros. En Chicago los puestos callejeros tienen el problema del frío, que seis meses al año no hay quien aguante comer parado en la calle, pero tanto los sitios como uno se adaptan y el verano compensa, la variedad también, y por el brillo en tus ojos supe que te había picado la curiosidad, que pronto nos visitarías para realizar el tour. Sin embargo, no es fácil mantener la curiosidad entre viaje y viaje a Caracas y cuando nos vimos por última vez, hace poco menos de dos meses, por diversas razones el tour no fue tema, ‘ya tendré oportunidad’, pensé, de recordarte el tour y agregar paradas; de hecho, Gyromhena fue una parada que agregué apenas hace una semana, comiendo con otro pana, José Andrés, que, como tú, no encuentra mayores placeres culinarios que cuando está parado en una acera comiendo con el torso inclinado hacia delante para que si se bota la salsa del pepito-perro-gyro no le ensucie los pantalones. Cuando José Andrés, hace tan poco como el 30 de noviembre, dijo que comerse un gyro de Gyromhena era como tocar las puertas del cielo, supe que ahí te llevaría cuando vinieras a hacer el tour.
Pero por cosas del destino, tocaste tú primero las puertas del cielo y entraste, sin gyro y sin tour. Intento pensar en las razones y solo se me ocurre una: que eras tan generoso, tan dado a los demás, estabas siempre tan listo para hacer sentir bien a todos los que estaban a tu alrededor, que se te olvidó guardar un poquito de corazón para ti, el necesario para que todos pudiéramos seguir disfrutando por más tiempo de tu presencia, de tu sonrisa, de esa magia, de ese halo que te convertía en un ángel, un ángel habitando junto a nosotros, qué lujo tuvimos, qué lujo nos regalaste. Mi sobrina, tu ahijada, lo dijo apenas le dieron la noticia, que no había perdido a su padrino sino que ahora tendría a su ángel de la guarda todo el tiempo junto a ella; varias personas más lo dijeron y yo estoy seguro de que es cierto, porque cuando Olivia, Gustavo y yo hablamos de eso, de que varia gente te había comparado con un ángel, nos quedamos callados, no como quienes no saben qué decir sino como los que saben que ya todo está dicho y sentimos que pasaste por ahí, saludándonos y sonriendo.
Desde la distancia la muerte se vuelve irreal. Es apenas un mensaje, una llamada, un estatus. Mis papás me llamaron y me dijeron que había sido otra persona, luego tuvieron que rectificar la noticia y mientras esperaba más informaciones en realidad deseaba un nuevo desmentido, un desmentido que nunca llegó. Todavía lo espero, todavía creo que alguien me llamará para decirme que se trató de un inmenso malentendido. Aunque el verdadero consuelo lo obtengo de leer los mensajes que te dejaron familiares y amigos, todos hablando del amor que dabas, del cariño que repartías, de la alegría que generabas, de la generosidad con que recibías a todos, de la magia de tu sonrisa, y me lleno de orgullo, de emoción, de esperanza, no se puede estar triste ante tanto amor, tanto cariño, tanta alegría, tanta generosidad. Que ese amor sea el ejemplo y la medida de la vida de todos cuantos te conocimos. Descansa en paz, Luis Jesús, 24-12-1982, 3-12-2012.

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