El orden de los libros

Siempre me ha fascinado la forma en que libreros, bibliotecarios y lectores ordenan los libros a su cargo, porque en el fondo creo que ese momento ante el estante influye más en la lectura que cualquier recomendación o búsqueda. A continuación, tres textos acerca de esa fascinación que escribí como fragmentos independientes, pero que siempre me han pedido aparecer juntos.

Arqueología de libros

Cuando pienso en mis librerías favoritas, todas tienen un rasgo en común: el desorden. Montones de libros desbordando estantes que hacen de la tarea de encontrar un libro todo un trabajo de exploración, de excavación. Con la paciencia del arqueólogo me adentro capa a capa descubriendo libros enterrados debajo de otros libros hasta dar con el preciso, con el ejemplar exacto que quiero leer y que debo comprar en ese momento. El encuentro es siempre especial, es como un amor a primera vista o como reconocer un amor del pasado en un país extraño; el libro obtenido de esa manera, en esa búsqueda, siempre es un tesoro escondido, un arcano revelado, una historia que pudo escaparse de nuestras manos como la arena y que se le escapó a otros arqueólogos menos hábiles o menos dispuestos. Leo ese libro como si hubiera estado esperando por mí para ser escrito, como si se estuviera escribiendo al mismo tiempo que lo leo, como si solo hubiera sido escrito para mí.

Arrecife de coral

Mi biblioteca es un arrecife de coral. Cada libro que llega construye un lugar único, independiente, pero a la vez sujeto a los otros libros, fortalecido por ellos y que los hace crecer. Cada lectura tiene que ver con la anterior y tendrá que ver con la siguiente, formando un hábitat endémico que solo puede ser entendido recorriéndolo tanto en el espacio como en el tiempo. Cuando me muevo por mi biblioteca lo hago en un proceso de simbiosis, yo le doy vida mientras la recorro buscando el nuevo ejemplar del cual alimentarme. Esa vida que posee el arrecife hace que a veces los libros salten a mí sin yo esperármelo. Sé que tengo más libros de los que realmente puedo leer, y el número está en constante aumento, condenando a una enorme cantidad de volúmenes al estante del olvido. Pero como si una inesperada corriente los pusiera en movimiento, de pronto me los encuentro y se vuelven lectura inmediata, indispensable. No recuerdo cuándo ni dónde lo obtuve y no estoy seguro desde dónde saltó el libro que de pronto tengo en mis manos y que ahora se me ha vuelto un compromiso leerlo, so pena de poner en riesgo la supervivencia de mi arrecife de coral.

Dendrocronología de libros

Salvo que se trate de uno de esos bibliófilos—o bibliomaníacos—cuyas bibliotecas crecen indetenibles como la hierba mala, las bibliotecas personales pueden ser leídas como el tronco de un árbol: los anillos de libros nos dicen los distintos periodos por los que pasaron sus dueños, las etapas de rápida adquisición de nuevos ejemplares, los momentos de estancamiento, la época en que la biblioteca cesó por completo su crecimiento y adquirió su forma final y definitiva. Pero a diferencia de los árboles, los aros de la biblioteca no están fijos, se presentan discontinuos a los ojos de quien los explora, obligándolo a armar una especie de rompecabezas concéntrico que una vez completado mostrará no la historia de la biblioteca sino de su dueño.

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