Historia de una foto

Si me muero, abre estos archivos

El proceso siempre es más o menos el mismo: de una serie de propuestas escoges dos o tres, sugieres algunos ajustes o cambios y luego tomas la decisión definitiva. Pero cuando Gastón Virkel me mostró las propuestas para la portada de Si me muero, abre estos archivos tomé la decisión casi de inmediato. Recuerdo que sugerí cambios en otra, para no descartar todo lo demás así a la primera. Sin embargo, desde el primer momento no hubo vuelta atrás, esa, la escogida, tenía que ser la portada. No solo se trata de una foto hermosa, sino que la mujer a media luz tomándose un café viendo por la ventana sin que sepamos qué ve, se me mostró como la recreación de uno de los primeros momentos de Si me muero… cuando Elvia, luego del intercambio de correos, se prepara un café que ya frío la llevará a tomar la decisión que desata los acontecimientos.

En la novela hay un momento en que se habla de ese tema común de la realidad imitando a la ficción pero con un giro, una ficción que se escribe para que la realidad no tenga otra más que imitarla. Desde que vi la foto me gusta pensar que a modelo y fotógrafo no les quedó otra que representar a Elvia para que así Gastón pudiera encontrar la foto en un servicio de imágenes de stock y yo pudiera seleccionar esa para la portada de Si me muero, abre estos archivos.

Con la portada lista, comenzó el periodo de promoción para el lanzamiento del libro. Compartí la imagen en redes sociales, recibí los 👍🏽 y ❤️ de rigor, pero en Instagram hubo uno particular. Cuando en Instagram recibes un mensaje directo de alguien desconocido, suele ser para ofrecerte 1500 seguidores en dos minutos o una amistad especial, ambas cosas bastante poco creíbles y por eso borro esos mensajes de inmediato. Pero el que recibí esta vez me desubicó, se trataba apenas de un 😍 mostrando todo lo que le había gustado la portada. Solo el emoji, nada más. Un mensaje lo suficientemente particular como para que no lo borrara de inmediato, pero aún así tardé al menos un par de días en volver a prestarle atención y mi duda se mantuvo intacta. Me decidí a revisar la cuenta que me enviaba el mensaje y lucía por completo legítima, lo cual aumentó mi curiosidad. La titular de la cuenta (¿se dice así, como si se tratara de un banco?) era una mujer turca, modelo y fotógrafa, y desde su perfil enlaza a una agencia de fotografía. Comencé a recorrer las fotos de la cuenta, la mayoría de la mujer y de pronto entendí. La vi, no en la foto de la portada que esa no la encontré sino en las demás, era ella, Elvia, Selin Gunal Kurşova, que gracias a quién sabe qué búsqueda, palabra clave o magia, se encontró con su foto ahora convertida en portada de un libro a punto de ser publicado no solo al otro lado del Atlántico sino también del Mediterráneo y del Egeo.

Qué habrá pensado Selin cuando vio la portada. No se lo pregunté, me lo dejo a mis especulaciones. Pero qué lindo imagino el proceso, una foto que tomaste o te tomaron hace quién sabe cuánto tiempo, para un proyecto o una idea por completo diferente, de pronto reaparece frente a ti dándole rostro a un libro, a una novela de la que no habías escuchado ni título, trama o autor, pero que el autor dice que retrata de manera perfecta los sentimientos del personaje del libro, un libro que no has leído y que quizás está escrito en un idioma que no entiendes. El arte conversando con la ficción incluso desde antes de encontrarse, desde el momento mismo de la creación, como si de verdad habitaran en el mundo de las ideas de Platón.

Vía Google Translator le di las gracias a Selin y le pregunté si podía enviarle un ejemplar del libro. Me dio su dirección y fui al correo. En tiempos de comunicaciones instantáneas, tiene mucho de anacrónico y de precario el proceso de anotar una dirección en un sobre para que la encargada en la oficina de correos la transcriba y le ponga sellos suficientes para que el sobre pase de mano en mano hasta un cartero que leerá la dirección y sabrá llevar el paquete a pie, en bicicleta o en un pequeño auto a su última parada, su verdadero destino. Los días pasan y no hay modo de saber si el recorrido fue o será completado. No había modo de saber si se completó, porque al tratarse de correo internacional solo se puede rastrear el sobre hasta el momento en que sale de Estados Unidos. Después, solo incertidumbre. Cuánto tarda una carta, un pequeño paquete en llegar de Miami a Esmirna. Esta tardó un mes.

Selin recibió el libro. De nuevo, la curiosidad, qué habrá dicho, cómo se habrá sentido al tener en sus manos el libro con su imagen presentando una historia que sin habérselo propuesto ahora también le pertenece a ella. Pero sin que se lo preguntara, ella dio su respuesta, la compartió entre redes y ahora sé que Elvia se habría retratado de esa manera cuando tuvo su libro entre manos:   

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