Play, reseña de Mónica Flores Correa

Play

La elección del título de un libro es, suele ser, un desafío para el autor. ¿Varias palabras o solo una? ¿Conviene que sea evocativo? ¿O quizás concreto; o quizás, ingenioso? Difícil escoger, difícil muchas veces acertar.

Luis Alejandro Ordoñez con el título “Play” para su libro de 5 cuentos, tuvo un feliz rapto de inspiración. No solo debido a que la palabra inglesa está incorporada en muchas lenguas y no resulta foránea en un libro escrito en español, sino porque remite sagaz al presente. Es decir, a este mundo donde se juegan juegos en las computadoras por entretenimiento, sí, y en una agobiante cantidad de casos también por mera alienación.

En el libro de Ordoñez, el término play despliega acepciones varias. Es el play del voleibol, play de obra teatral, play de prender un video o de recrearlo, y el play para un instrumento musical. Estas posibilidades aparecen inmersas en el acontecer virtual por el que los personajes transitan — igual que nosotros. Una virtualidad útil para denunciar, sin duda, pero también, señala Ordoñez, implacable en sus condenas sesgadas. Esta realidad alternativa es por cierto una realidad editada. En gran medida mucho más, y mucho más ferozmente, que la narrada en los medios informativos tradicionales

En el cuento “Chavela”, el protagonista escapa de la rutina laboral, que en este caso conlleva una sugerente resonancia kafkiana, jugando voleibol con un equipo formado por compañeros y compañeras de trabajo. Defender a una compañera de la violencia de otra jugadora, le cuesta caro. Al no ofrecer contexto, el video que inmortaliza el episodio lo condena. No obstante, el cuento cierra con una nota optimista. Mientras existamos, parece decir, encuentros y reencuentros serán parte del destino y no tanto de las ubicuas redes sociales.

Otra historia, “Vitalicio”, aborda con ironía las dinámicas de la política. El alcalde del pueblo cuyo nombre es Vitalicio (¿alguna resonancia sudamericana?), tiene un conflicto con el gremio de recolectores de basura. Lo único importante para el protagonista y quienes lo rodean, ‘el Círculo Íntimo’, es la imagen que el político pueda proyectar. Para salvaguardarla, hay personas específicas (en este caso una mujer) y equipos dedicados a dicha tarea. Desvinculado del sentido común cotidiano, todo ocurre en esa caverna de apariencias donde la verdad, o mejor dicho la simple evidencia de los hechos, se desvanece en el play y el forward de un video inocuo aunque desesperadamente sospechado.

En “Beverly”, Ordoñez también usa los nombres como parte de un cuadro farsesco acerca del erotismo, la belleza y los prejuicios, estereotipos y ridiculeces alrededor de ambos. Hay una acusación de mala praxis y hay un juicio, pero también hay un músico que sabe sacar una música deliciosa de los senos aumentados y ruidosos de la sufrida heroína.

El humor es un componente importante en las historias de Ordoñez. Y también lo son la inteligencia y la humanidad. El autor aquí es un demiurgo que mira con simpatía comprensiva las “follies” de sus criaturas. En la segunda mitad del siglo XX, se habló mucho del carácter lúdico de la literatura. Un tal Julio Cortazar escribió textos maravillosos usando esa premisa. En el tiempo actual, agobiado por decálogos, por lo correcto y lo incorrecto, la propuesta de Ordoñez de recuperar el espíritu lúdico sin perder la mirada crítica, es un deseado alivio, una bienvenida expansión mental.


Mónica Flores Correa es escritora, ex periodista y profesora de Español y Literatura. Es autora de los libros de cuentos “Agosto” y “Dos” (Arte Poética Press). También tradujo con Cristóbal Williams  “Los Muertos” de James Joyce y las obras teatrales de Seamus Scánlon “La trilogía McGowan”, ambos editados por Arte Poética Press. Y ha concluido  “Reunión”, una novela por editarse.

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