Se siguen comprando álbumes blancos

Para el número 112 de la revista contratiempo, marzo de 2014, escribí un artículo sobre la particular colección/instalación de arte de Rutherford Chang, que consta solo de primeras ediciones del Álbum Blanco de los Beatles. Ese artículo, como parte de un dossier dedicado a la cultura del disco de vinilo, se republicó en la revista Círculo de poesía. Por esas cosas de las mareas digitales, me encontré con el enlace al artículo en Círculo de poesía y me pregunté si la colección de Chang continuaría. No solo continúa, ha crecido, por eso decidí republicar el artículo por acá actualizando algunos datos.

Se compran álbumes blancos

En un artículo de julio de 2013 para la revista Quartz, DeVon Harris señalaba la paradoja de que si bien la venta de vinilos en Estados Unidos había aumentado de unas 990 mil copias en 2007 a 4.5 millones de unidades en 2012, las ventas de tocadiscos se mantenían estancadas (Inciso doce años después de publicado el artículo de Harris: las ventas de tocadiscos han aumentado desde 2015 y se espera que sigan haciéndolo, pero para falsear la paradoja habría que estudiar si hay suficientes tocadiscos en el mundo para escuchar todas las copias vendidas del Departamento de poetas atormentados).

La conclusión de Harris es que la gente está comprando los álbumes no para escucharlos sino para exhibirlos como objetos de colección. Es, si se quiere, un devenir lógico del vinilo, tomando en cuenta que el LP exige una atención a la música que ya muchos no le prestamos, al menos la necesaria para ir y cambiar el disco de lado o poner otro disco cada dos por tres, comparado con la conveniencia de la biblioteca iTunes o del streaming de Spotify que pueden sonar por horas y horas hasta el olvido. Pero sobre todo porque el vinilo todavía conserva algo que siempre fue inherente a él: su valor como objeto de arte o de colección.

Desde carátulas creadas por artistas, como las emblemáticas de Andy Warhol para The Velvet Underground y The Rolling Stones, pasando por el arte lleno de detalles de Iron Maiden, hasta la presencia de mensajes encriptados y subliminales, como el de la muerte de Paul McCartney o el famoso We ate the acid de Grateful Dead; el empaque de los álbumes siempre fue parte del atractivo, a veces el principal, de poseer un álbum. Por eso no es extraño que las personas se dediquen a coleccionar álbumes por las carátulas y no solo por la música. De entre los tantos coleccionistas que uno puede encontrarse por ahí, Rutheford Chang ha hecho de su colección una auténtica obra de arte.

The Beatles

El décimo álbum de los Beatles es el único titulado con el nombre del grupo, pero nadie lo llama así debido al diseño de portada que hizo el artista Richard Hamilton: una carátula completamente blanca con apenas el nombre de la banda escrito en la esquina inferior derecha. Chang tiene un solo disco en su colección: el Álbum Blanco, y la misma ya va por 944 ejemplares (Diez años después: 3.417). Claro que Chang no colecciona cualquier tipo de Álbum Blanco, para que un Álbum Blanco entre en su colección tiene que ser parte de la primera edición del disco, que salió numerada y constó de unas 3 millones de copias. El Álbum Blanco fue publicado a finales de noviembre de 1968, por lo que son muchas las copias que pueden haberse perdido para siempre; las que quedan parecen destinadas a estar tarde o temprano en manos de Chang.

En la exposición We buy White Albums (Se compran Álbumes Blancos), que desde hace un par de años se ha presentado en Nueva York, Indianápolis, Middletown y  Atlanta (La más reciente se presentó en Kansas), se pueden ver todos los Álbumes Blancos que Chang posee y de paso ofrecerle una copia, si es que se posee una. De hecho, las reseñas de la exposición en Nueva York, celebrada en marzo de 2013, hablaban de poco menos de 700 unidades; quizás cuando salga publicado este trabajo la colección tenga más de las 944 que posee en la actualidad.

Chang explicó para el sitio Dust & Grooves que paga entre 1 y 20 dólares por álbum y que le interesan más las copias en mal estado que las perfectamente conservadas. Desde manchas de hongos y humedad, quemaduras de cigarrillo, restos de café, firmas, mensajes personales, poemas, garabatos, hasta auténticas obras de arte se pueden ver en las carátulas de los discos de la colección de Chang (Inciso: puedes ver las carátulas en la cuenta de Instagram @webuywhitealbums). Así exhibidos, los Álbumes Blancos de Chang son una auténtica instalación donde se puede ver, como él señala, el efecto del uso y del paso del tiempo en los objetos.

No 1, 100 Álbumes Blancos

Chang también es un melómano y el proyecto We buy White Albums cruza del coleccionismo y la instalación a la propia música. En su sitio web (y más abajo también, el artículo original era para una revista impresa) se puede escuchar el resultado de reproducir simultáneamente el lado A del disco 1 de 100 copias del Álbum Blanco. Como resultado de la diferencia del envejecimiento particular de cada copia, Chang logra un resultado quizás similar al de un tema del propio Álbum Blanco, Revolution 9, o al de otro gran tema de The Beatles, A day in the life, que le da cierre al Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band. Pero sobre todo deja en evidencia que cada vinilo es único y al reproducirlo se escucha no solo la música sino la propia historia del álbum.

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